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Security Community Article
Entrevista: Cuatro capellanes castrenses para garantizar la libertad de creencia en las fuerzas armadas
- Date:
- Source:
- Security Community
- Fields of work:
- Prevención y resolución de conflictos
El pasado mes de febrero, la Presidencia rumana del Foro de Cooperación en materia de Seguridad invitó a cuatro capellanes castrenses de Austria, Bosnia y Herzegovina, Rumania y los Estados Unidos a que tomaran la palabra ante las delegaciones de la OSCE. He aquí algunas de sus opiniones:
Como capellán castrense ¿cuál es su estatus en las fuerzas armadas?
Ion Ilinca, sacerdote castrense en el Departamento de Asistencia Religiosa del Ministerio rumano de Defensa Nacional: Tenemos estatus de oficial pero no grado. Es mucho más sencillo hablar con un soldado o con un general como capellán que, digamos, como oficial.
Coronel George Youstra, Jefe de Asuntos Religiosos de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos: En los Estados Unidos sí que tenemos grado, yo soy coronel. A medida que se aumenta de grado, hay una transición. Cuanto más bajo es el grado, más apoyo religioso se presta (ritos religiosos, servicios, asesoramiento). Conforme va aumentando, te vas convirtiendo en un asesor estratégico, porque prestas servicios a oficiales de mayor graduación.
Stefan Gugerel, capellán castrense y Director del Instituto para la Religión y la Paz del Ordinariato Militar, Austria: En Austria el sistema que se aplica a los capellanes es similar al del personal médico y al de los psicólogos. Llevan galones pero también el símbolo de su servicio, en mi caso la cruz.
Imán Jefe Nesib Hadžić de las fuerzas Armadas de Bosnia y Herzegovina: Cuando se crearon las fuerzas armadas de Bosnia y Herzegovina, se introdujeron en el ejército imanes, capellanes y sacerdotes ortodoxos. Los capellanes no llevan armas pero llevan galones e insignia.
¿Es normal que un capellán tenga instrucción militar?
Hadžić: Los imanes y los capellanes castrenses deben estar con los soldados. Nos entrenamos con ellos. Por ejemplo, yo he saltado de aviones. Asistí a la escuela de las fuerzas especiales y he estado en todos los cursos de desarrollo profesional a los que asisten los oficiales militares. Pero también he tenido una formación especializada como capellán.
Gugerel: En Austria, de acuerdo con nuestro sistema de servicio militar, los capellanes castrenses han sido reclutas durante al menos seis meses. También han hecho cursos especiales para capellanes castrenses. Después, cuando se incorporan a sus unidades, se entrenan con ellas, como parte del mando militar.
Ilinca: En Rumania hay dos cursos para capellanes, uno básico y otro avanzado. Antes de que un capellán castrense se incorpore a su primer puesto en una unidad, tiene que hacer entrenamiento militar.
¿Cómo promueve el trabajo de los capellanes la libertad de creencia en las fuerzas armadas?
Youstra: Lo más importante que tenemos como capellanes castrenses es lo que se podría llamar una “comunicación privilegiada”. Es algo que nadie tiene en el estamento militar de los Estados Unidos (los médicos no lo tienen, los abogados tampoco). Si usted viene a hablar conmigo como sacerdote en un confesionario, nadie puede obligarme a revelar lo que me ha contado. Eso es muy importante. Por ejemplo, en las fuerzas aéreas, si un piloto está deprimido vendrá a hablar conmigo, no irá a hablar con el médico, porque el médico podría considerar que no está en condiciones de pilotar un aeroplano. Puede hablar con su capellán, sabiendo que no voy a contarle nada a su jefe. Creo que ese es un aspecto importante de lo que hacemos, y garantizar la libertad religiosa es garantizar también ese secreto, el derecho de poder hablar conmigo en privado.
Hadžić: Me gustaría decir algo acerca de lo que supone trabajar con personal de otras creencias religiosas. Como imán, no hablaré con alguien de otra religión sobre las bondades del Islam. Más bien, si puedo ayudarlo, lo ayudaré. Lo más importante es trabajar juntos y tolerar las diferencias entre las religiones. Por ejemplo, yo siempre organizo una celebración después de nuestro mes de ayuno a la que invitamos también a serbios y croatas. Nosotros también asistimos a sus celebraciones. Otro ejemplo, los sacerdotes ortodoxos dan charlas a los musulmanes acerca de los aspectos más importantes de los ritos de la Iglesia Ortodoxa, para que puedan conocerlos. Yo di una charla sobre el Islam y ninguno de los asistentes era musulmán.
En 2007, cuando empezamos a crear el ejército nacional, hubo cierta inquietud porque estábamos creando un ejército con personas que habían luchado unas contra otras. Pero después de diez años de ardua labor, forman un equipo impresionante. No hemos tenido ningún problema con respecto a la religión. Por ejemplo, los mandos musulmanes son más cuidadosos con los creyentes ortodoxos y católicos, y los mandos ortodoxos son más cuidadosos con los musulmanes porque temen cometer errores con ellos. Y eso es bueno.
Ilinka: Creo que la gran ventaja de la atención pastoral militar es que no estamos en casa. El diálogo entre religiones es mucho más sencillo aquí, porque no se trata de defender el propio territorio, ni la propia parroquia o mezquita. Todos prestamos servicio en el Ejército, vestimos los mismos uniformes, comemos la misma comida (casi la misma), en la misma sala, al mismo tiempo, y dormimos en los mismos barracones. Por lo tanto podemos trabajar juntos y luchar contra los prejuicios.
¿Qué es lo más difícil de su trabajo como capellán?
Hadžić: Lo más difícil es cuando, por ejemplo, un soldado muere en una misión. El imán tiene que ir a ver a la familia e informarles de su muerte.
Youstra: Sí, tienes razón. En lo que respecta al ministerio, lo peor es tener que notificar una muerte. Es muy duro. Pero a nivel personal, una de las cosas más difíciles es hacer lo mismo que decimos a los demás que hagan: cuidar de nosotros mismos y de nuestras familias. Estamos en hospitales de zonas de guerra y vemos amputaciones, muerte, personas agonizantes, empleamos tanto tiempo y tantos esfuerzos en cuidar de nuestros soldados y nuestros aviadores que realmente no nos ocupamos demasiado de nosotros mismos.
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